jueves, 10 de mayo de 2012

Caloi y el ridículo

Todos los que me conocen saben desde siempre de mi admiración hacia Caloi (Carlos Loiseau), que junto a Quino (Joaquín Lavado), me parecen no solamente los dos más grandes humoristas gráficos / dibujantes satíricos de la Argentina, sino también del mundo [tal vez, para no ser tan parcial y extremo, agregaría a Caran D'Ache, pero ahí paro de contar]. Será porque el humor constituye un signo cultural que, más allá de su capacidad expansiva y abarcadora, radica de una manera profundamente particularizada en cada pueblo, al punto de significar para mí uno de los datos identitarios más sugerentes y explicativos de los pocos que nos constituyen o nos permiten reconocernos entre nosotros mismos. 

Ambos pasarán a la historia por sus personajes más difundidos: Clemente y Mafalda. Cotidianamente seguidos por millones de personas a través de tiras en los diarios o por la televisión, son para mí, por esa exigencia permanente y esa producción acelerada y casi industrial, tal vez los puntos menos interesantes de sus inigualables talentos, creatividades y capacidades de observación.

Ya hace unas dos décadas que llegó hasta mí una parte importante de su producción humorística gráfica referida a chistes y/o reflexiones unitarios, ajenos al formato de historieta y con una mayor complejidad tanto en las ilustraciones como en los mensajes. He escogido de mi biblioteca al azar (si ello es posible) el Aquí me pongo a cantar... (Buenos Aires, 1975), que contiene algunos de los momentos culminantes de su obra. Valgan entonces, ante la proliferación de evocaciones más superficiales y/o contingentes, esta pequeña selección a modo de sincero y emotivo homenaje. Se lo debo. 

Porque siendo todavía un pibe, y como tal inacabado, maleable y dúctil, en un medio corrosivo y cosmopolita, su franca y simple capacidad de pensar, sentir y vivir lo nacional me acercó a la espontaneidad y la alegría de lo nuestro, de lo natural y fluido, de lo que llevamos con nosotros porque mamamos desde chicos; así como me alejó de lo fútil y de lo estéril, de las abigarradas ornamentaciones inútiles, de los pretenciosos trasplantes intelectualoides, de los disfraces, las pantomimas, las imposturas, las morisquetas robadas del proyector del mainstream... Me preservó del ridículo.

Con el ridículo, precisamente, construyó gran parte de su mejor humor, y van aquí algunos ejemplos elocuentes. Que los disfruten. [Picar sobre las fotos para ampliar]

La aculturación (y las "liberaciones" dictadas por las influencias  foráneas).



La transculturación (que se manifiesta en una uniformización de los medios de expresión, para acercarse a un pretendido "universal", que en realidad, siempre responde al patrón etnocéntrico mundialmente dominante).







El imperialismo culturalmente estéril.






La intelectualidad abstrusa y pomposa (para levantarse minitas, para tapar la mediocridad y la falta de ideas propias)






El furor religioso hacia al Psicoanálisis como panacea.







Los fumadores de hierba, un especimen que empezaba a aparecer por esos tiempos.





Los revolucionarios que hacen de su medio una letrina.






La Facultad, transformada en una pila de basura.

(Un hombre le dice a los basureros, que lo miran con sorna y escepticismo: "En serio, muchachos, yo soy el Decano. Les juro que ahí debajo hay una Facultad").


Algunas entradas relacionadas (aunque sea un poquito):

- Facultad
- Juventud influenciable
- Humor gráfico (bastante precario)
- Imperialismo estéril
- Detalle disonante
- Humor gráfico (Quino y Picasso)
- Descarrilando
- Argentinidad 
- Progresos y otros inconvenientes
- Juventud rebelde
- Quino y la burocracia






domingo, 6 de mayo de 2012

Sýndikos vs. citus




Y no, no podía ser de otra forma.
La Maestra Ciruela[1] otra vez mandó fruta, confundiendo autoridad con impunidad, nos obliga a digerir todo tipo de diatribas proferidas con esa petulancia engolada propia del ignorante con aires de pontífice de ungüentos y panaceas. Nos referimos, claro está, a la presidenta que la Argentina tiene por desgracia padecer (y como víctima de un maleficio particularmente ensañado y persistente, su padecimiento ha sido largo pero largo lo será aún más). 


En su discurso con la imagen del Edificio de Bienestar Social de la 9 de Julio atrás, con la imagen de Eva Perón que le sirve de fondo desde que “padeció” el cáncer trucho a principios de año. Para completar la escena mortuoria, la sufriente Pasionaria platense persiste en sus vestiditos negros, ahora transfundidos también en el atuendo de Axelón (al que ella le dice Alex, y Asís lo apoda “el Gótico”) y sus mefistofélicas patillas. En ese clima de velorio, permanentemente quebrado por un sollozo andreadelboquiano, en verdad el negro no desentonaba si se lo evocaba como el color del petróleo crudo.
Ese petróleo que pertenece al Estado (y a los Estados provinciales) desde siempre, y que bien se podía explotar creando una nueva empresa del Estado o poniendo en marcha eficazmente a ENARSA (la que algunos llaman “Enfarsa”), para sacarla del engorro de triangular fuel-oil contaminante con azufre entre Venezuela, Angola, Argentina y vaya-a-saberse-quién-más, alquilar aviones para que viajen en él insólitos gorditos venezolanos con valijas llenas de dinero, etc. Esa ENARSA que Él mismo, cuando la creó, amagó con emplearla con ese propósito, el de volver a tener una petrolera estatal.


Porque las rutas aéreas pertenecen al Estado, como el subsuelo minero y petrolero también. La Historia juzgará si es necesario, oportuno, conducente e idóneo expropiar líneas aéreas quebradas y con gigantescas deudas y petroleras con miles de millones de dólares de deuda y pocos activos, para explotar esas rutas aéreas y esos subsuelos mineros y petroleros que ya son del Estado. La Historia, o alguien menos pelotudo que nuestro concierto unánime de fin de fiesta, evocará esta nueva publicización de deuda privada, que se paga, naturalmente, con nuestros bolsillos.
Cuando nuestros bolsillos estaban flacos, el discursito vampirizador apelaba al “sacrificio compartido”, y así nos dejamos pulverizar los ingresos con la devaluación asimétrica y la inflación galopante. Con los bolsillos un poco más gordos de billetes basura impresos por brasileros, holandeses o vaya-a-saberse-quién, ahora el “relato” nos habla de “solidaridad”.
Quizás por haber visto alguna película sobre la vida de Lech Walesa, o tal vez alguna película polaca de Krysztof Kieslowski, o tal vez haberse liquidado una Wódka Wiworowa sin hielo como en la película Blanc, tal vez evocando a esos “polacos pata sucia” de nuestro Nordeste, con un inflamado Moreno (gajes bipolares de los cinéfilos y vaya-a-saberse-quiénes-más), la presidenta arriesgó una etimología de la palabra sindicato, haciéndola nacer del sustantivo abstracto solidaridad.


Como siempre, arriesgó y dijo pavadas. La palabra “sindicato” deriva de “síndico”, y ésta del latín syndicus (abogado y representante de una ciudad). Asimismo, el latín la toma del griego sýndikos (defensor, miembro de un tribunal administrativo), que viene de dyké (justicia), con el prefijo syn- que expresa colaboración.
Muchas conclusiones se pueden sacar de la etimología y, considerando con Unamuno la trascendencia del idioma, puesto que pensamos con palabras, de un ejercicio libre (pero responsable y concretamente sustentado), podemos establecer:
1) La más sencilla derivación: que el sindicato es defensor de los sindicalizados, ante los avances de los no sindicalizados, de otros sindicatos, de la patronal y, fundamentalmente, del Estado, que es con su totalitarismo regulador y su creciente intromisión en las actividades económicas, siempre el último empleador, y por ello, el gran empleador[2].
2) Las ciudades latinas fueron las primeras corporaciones que conoció la humanidad, a partir de una interesante innovación jurídica de los romanos, que extendieron su pax más allá de Roma comprendiendo a las demás urbes, cada una como un todo orgánico representado colectivamente en función de intereses comunes a sus ciudadanos. Resultan el antecedente de los principios de empresa comunitaria y Estado comunitario planteados en el siglo XX cuando todavía se permitía espacio a la imaginación de alternativas al capitalismo. Si el syndicus era el representante de una ciudad, luego era por supuesto el representante de una corporación de Derecho público. Los sindicatos o gremios surgidos en la Edad Media tomaron ese estatus jurídico sobreviviente desde el Derecho público romano, y desarrollaron sus actividades como corporaciones. El éxito que esas corporaciones tuvieron en la contención humana, el desarrollo de lazos sociales espontáneos y perdurables, el mutualismo, la formación y la calificación, y la garantía de calidad de los trabajos y obras de arte, llevó a Émile Durkheim a postular la necesidad de su recreación en la edad moderna, para paliar los efectos terribles de la destrucción de los cuerpos intermedios que había provocado la revolución burguesa, sometiendo al individuo indefenso y atomizado al poder totalizador del Estado, en cualquiera de sus concepciones (tecnocrático, mínimo y prescindente, máximo y absorbente, etc.). Nuevamente, los cuerpos intermedios, corporaciones o sindicatos, emergen –ahora, desde su añoranza e inexistencia, durante todo el siglo XIX, y luego desde una lucha denodada por posicionarse y evitar su aniquilamiento[3]- como protección y defensa del individuo frente al Estado.  


3) La acepción griega, alude a los fueros propios, a la capacidad de autorregularse y autogobernarse, que es otra garantía frente al poder y la tendencia avasallante del Estado. Por eso el Estado, si se trata de un Estado responsable y respetuoso de la actividad sindical, debe limitarse a legislar las bases que permitan luego a los sindicatos funcionar autónomamente. Para ello, es fundamental garantizar la unidad de la representación gremial, que implique que el ejercicio de la democracia sea real, que los trabajadores se expresen colectivamente dentro del sindicato, en lugar de permitir a las disidencias minoritarias sacar los pies del plato, hacer rancho aparte, y generar múltiples divisiones y facciones, núcleos cada vez más reducidos y sectarios, sin legitimidad ni capacidad de construcción de acción sindical (mutualista, con múltiples beneficios concretos y materiales a los afiliados, así como contención a la familia del trabajador, educación y actividades recreativas; gremio viene del lat. gremium: seno y regazo), sino sólo de obstrucción y propagación de vocaciones disgregatorias y anarquizantes. Puede observarse en esta última tendencia señalada el mismo afán aniquilador de la actividad sindical, del cuerpo intermedio, que el señalado en la experiencia socialista. En ambas perspectivas, el individualismo soteriológico es, más allá de cualquier colectivismo transitorio y dictatorial (dictadura del proletariado), el fin último aspirado.    

 
4) Finalmente, la composición en dos términos de la palabra sýndikos, expresa el concepto de justicia social, término antitético del de igualitarismo social propio del marxismo y de la socialdemocracia. Este último propugna una total indiferenciación, no sólo en el punto de partida (como sí han propuesto algunas visiones socialistas no marxistas, tales como la propuesta de supresión del instituto de la herencia por el propio Durkheim) sino en todo el decurso vital y en los resultados. Mientras que, dentro de esa línea, algunos confían en una autorregulación social espontánea (tanto el marxismo en su aspecto salvacionista una vez cumplida la utopía de la sociedad-sin-clases, como el anarquismo y el anarcoliberalismo, con sus mitos del mercado absolutamente puro y del fin de la historia); otros exigen una permanente acción correctiva del Estado, con el auxilio de “observadores”, comisarios y las clasificaciones efectuadas por la burocracia del partido único (socialismo real; claro está, generando una nueva cisura clasista entre el pueblo oprimido “igualado” en la miseria y la nomenKlatura que goza de los beneficios del Estado).
En cambio, la justicia social puede ser ejemplificada, por la transcripción a contrario de los eternos versos del inmortal Enrique Santos Discépolo, pregonero y entusiasta defensor del justicialismo: Nada es igual, hay algo mejor; no es lo mismo ser derecho que traidor, ni es lo mismo ser generoso que ser estafador, ni es lo mismo ser un ignorante, que un sabio o que un chorro, ni es lo mismo un burro que un gran profesor; debe haber aplazados y debe haber escalafón; no se puede igualar hacia abajo, poniendo como rasero a la ignorancia.      
La justicia social se entronca, claramente, con la tradición gremial, que es jerárquica (aprendiz, artesano, maestro), que premia el esfuerzo, el sacrificio y la superación, que considera los años continuos de trabajo como una experiencia y como un reconocimiento de la valía, y que diferencia entre el agremiado y el no agremiado, y más genéricamente, entre el que trabaja y el que no trabaja, y dentro de esta última categoría, entre el que no trabaja porque no puede del que no trabaja porque no quiere.


Genéticamente enraizado en la versión más decapitadora de la Revolución Francesa (François Furet), el marxismo es enemigo mortal de las corporaciones, a las que entiende obstáculos para la destrucción de toda instancia de contención entre el individuo y el Estado, o sea, para la entronización soberana del capitalismo salvaje, que es bajo cuyas injusticias donde puede prosperar el único invernáculo propicio para generar las famosas condiciones revolucionarias. Determinista y mecanicista, el materialismo dialéctico sabe que para llegar a la dictadura del proletariado deben llevarse adelante todas las etapas previas señaladas, al punto que el propio Marx ha señalado la necesidad de que el régimen de castas de la India, por ejemplo, dé paso al capitalismo para luego a partir de su impugnación, emergidas las “contradicciones”, llegare el comunismo a redimir a la humanidad entendida como un cúmulo indiferenciado de individuos. Paradoja o no, el comunismo realmente ha logrado tomar el poder en forma real (no parlamentaria y condicionada por la democracia) en países en los que el capitalismo no había triunfado, casi ni siquiera había aparecido tímidamente en pequeños bolsones aislados: Rusia, Cuba, China, Vietnam, Angola, Mozambique…
Como reflejo setentista, entonces, el bodrio ideológico medio izquierdizante, un entero burgués, un cuarto nacionalista[4], de los políticos profesionales que no han sabido vivir de otra cosa desde hace más de tres décadas, lleva a que mecánicamente se enuncien vocablos que con asignación peyorativa previa, otorgada en el fragor de batallas demodées, saben que pueden comunicar emociones y conectar prejuicios con la caterva de aplaudidores de banderas variopintas que se concentra a escuchar a la pitonisa entrando en trance zomba. “En contra de las corporaciones”, entonces, pasa a ser una suerte de código de afinidad con los universitarios barbados que leen bibliografía sesentista (todavía) en nuestras universidades públicas. Y que son también, por ese zanganato subsidiado por los que no tienen tiempo o dinero para estudiar, y por las colocaciones en el sector público con que se premia la militancia, invariablemente también, empleados del Estado. Y que constituyen, por supuesto, la única corporación admisible en el panorama anticorporativo. Porque ya lo vio Foucault microfísicamente, el poder que se derriba es ocupado por el poder derribante. No existe antipoder, y por eso hay que ser sumamente cautos a la hora de adherir a discursos de demolición.
En fin, la docencia ciruelina se concretaba en ese aserto: “Sindicato no viene de corporación, viene de solidaridad” (repite 3 ó 4 veces, en un tono cada vez más alto, más lloroso y emotivo, reemplazando con el teatro de Luis Buñuelo la calidad y veracidad de lo que se afirma).


Pues no, ya lo hemos visto, sindicato viene de representación de una corporación (un cuerpo profesional y sus familias formado para ayudarse y defenderse mutuamente de los avasallamientos de terceros, y sobre todo, del Estado), viene de justicia social, viene de defensa de un grupo con una particularidad diferenciante (el trabajo) frente a la indeterminación igualitaria, que pone en el mismo marasmo tibio al lumpen, al zángano, al parásito, al especulador, al político profesional, al científico y al ignorante, al que se esfuerza y al que se burla de ese esfuerzo, al que vive de ese esfuerzo y al que mata para quedarse con ese esfuerzo.
La palabra solidaridad, viene del latín sollicitus (solícito), y éste de sollus (entero, unidad) y citus (que es movida/o). Alguien que es solícito, entonces, responde a la solicitud de un tercero, es movido (modernamente se reemplaza por el neologismo movilizado), su actitud es pasiva, el agente es exterior y distinto. La solidaridad en el ámbito sindical, que es una de sus características desde siempre, sólo puede producirse dentro del mismo sindicato, para con los hermanos trabajadores y sus familias, por solicitud del propio sindicato. La solidaridad es un aspecto, nada más, de un todo mucho más amplio orgánico y complejo, que es el sindicato, cuya definición está en el ser sujeto, y por tanto solicitante, antes que solícito.
Vayamos al diccionario, para cegar de una vez por todas esta nueva subversión semántica:
Sindicato: Asociación de trabajadores formada con el fin de promover y desarrollar la defensa de los intereses económicos y profesionales de sus asociados.
Sindicalismo: Movimiento o sistema de organización obrera o social por medio de sindicatos, que se ocupa de los intereses de los obreros.
O sea, que un sindicato debe defender los intereses de sus asociados, y el movimiento sindical, los intereses de los obreros.
La solidaridad en la actividad sindical debe darse dentro de esos márgenes, que resultan particularmente críticos, puesto que trasgredirlos puede significar defraudar los alcances de la representación.
Los sindicatos no pueden ni deben ser solidarios con los empresarios del transporte y sus subsidios, con las empresas de energía y sus subsidios, con las empresas estatizadas y sus enormes deudas y déficits, con los planes sociales para los no sindicalizados, con los agujeros negros que forman la evasión y el comercio y el trabajo ilegal, con los costos de la política, con los clubes de fútbol, con la escuderías del turismo carretera, con los canales y medios oficiales y paraoficiales, con las casas de fin de semana y los autos de los funcionarios, con los viajes de placer de los funcionarios, con los helicópteros y las amantes, y las fiestas de 15 de las hijas de los funcionarios, etc., etc.


Unos impertérritos, tal vez estólidos Caló y Viviani (debía haber más, a ésos los vi ponchados por la TV), escuchaban sin pestañear la bajada de línea, la lección de etimología sui géneris y muy acomodada, por cierto. Habrá que ver (el tiempo lo dirá) qué pensaban mientras tanto.
El único que por ahora está diciendo lo que piensa es Hugo Moyano. Algunos dicen que tardó demasiado, pero por lo menos tiene el coraje de ponerse enfrente cuando las papas queman, en las inmediaciones ya perceptibles del ajuste, en vez de empacar y volver a su casa envuelto en los laureles de tantos aumentos salariales y convenios colectivos. Refiriéndose a los planes sociales y la emergencia insólitamente inacabable en la Argentina (dictada en enero de 2002, el kirchnerismo la ha prolongado, por ahora, hasta el 31 de diciembre de 2013, por 11 años nada menos, en forma ciertamente contradictoria con la machacona propaganda de sus propios logros), el líder sindical argentino dijo dos días atrás:
“En su momento estuvo bien, pero no debe ser un hábito porque lo que verdaderamente dignifica es el trabajo. Quienes reciben un plan son prisioneros para ir a las movilizaciones[5]”.         
Para empezar a separar la paja del trigo, porque no todo es lo mismo, porque no todo da igual, porque no todos somos iguales, porque si somos iguales ya no somos. Somos distintos, sí, somos distintos.


[1] Decimos que alguien es un “maestro ciruela” cuando se empeña en dar a todos lecciones sobre asuntos que conoce poco y mal. La expresión, que viene muy bien para etiquetar pedantes, nada nos informa acerca del maestro ciruela, salvo que "quiere enseñar y no tiene escuela". En realidad, la frase original no guarda ninguna relación con el ciruelo. Se refiere al pueblo de Siruela, una localidad de Extremadura (España), situada a unos doscientos kilómetros de la ciudad de Badajoz. Ninguno de los trescientos mil siruelenses que hoy la habitan sabe algo acerca de las tribulaciones del personaje. Si fue la falta de edificio escolar o un conflicto docente ocurrido hace siglos lo que lo dejó pegado al dicho. Lo cierto es que el maestro Ciruela -como se lo llamó después- ha quedado como el prototipo del sabelotodo que no sabe nada. Como el inmerecido portador de un apelativo frutal. Como un fantasma extremeño que anda por el mundo tiza en mano a la busca de un lugar con pizarrón. [http://ar.answers.yahoo.com/question/index?qid=20061011092149AApHo49].
El refrán que recoge el presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia, en diálogo con LA NACION, es “como el maestro de Siruela que no sabía leer y puso escuela”. [http://www.lanacion.com.ar/993773-el-refran-del-maestro-siruela]
[2] En julio de 2003 el flamante Ministerio de Planificación decidió que, de ahí en más, todos los aumentos salariales que pactaran libremente sindicatos ferroviarios (La Fraternidad, la Unión Ferroviaria) y concesionarios del Área Metropolitana (TBA, Metrovías y Ferrovías) serían cubiertos por el Estado automáticamente con subsidios, es decir, serían soportados por los impuestos de toda la sociedad, desde La Quiaca hasta el Iguazú, y desde allí hasta Bariloche y hasta Ushuaia. A partir de entonces, los trabajadores ferroviarios pasaron a ser, en lo económico, empleados del Estado, puesto que los aumentos sucesivos octuplicaron y hasta decuplicaron el monto original. Los empresarios, sin ninguna motivación por proteger lo que no era de ellos (como la nula motivación que han demostrado protegiendo y manteniendo los bienes concesionados), concedieron aumentos a mano abierta, que luego iban a reclamar a la Secretaría de Transporte que se los ajustara en subsidios. El resultado es que, por ejemplo, un maquinista nuevo, veinteañero sin antigüedad ni experiencia, y sin mayor preparación que el curso básico de capacitación, entra ganando un sueldo básico de $ 15.000.
Antes de ello, el Estado respondió a la caída de Lapa (que en cualquier mercado aerocomercial es la mar de frecuente, y da lugar a la aparición de algún otro privado con nuevos bríos e iniciativas para ocupar su lugar; véase, sin ir más lejos, lo que ocurrió luego de la caída de la empresa más grande de la historia aérea: PanAm) con la creación de una empresa estatal sin aviones, llamada Líneas Aéreas Federales (Lafsa), la que simplemente era una empleadora del millar de empleados cesanteados, pagando sueldos sin contraprestación, y llegando a algunos contratos de colaboración con SW para viajar a Colombia, Perú, Bolivia y España, de los que mejor no hablar demasiado.
Los talleres ferroviarios de Tafí Viejo, en Tucumán, también fueron objeto de la reactivación emotiva y vintage: requiriendo una dotación máxima de 50 trabajadores si trabajara 24 hs x 7 ds (unos 16 por turno), tuvieron un plantilla de empleados estatales de más de 800, los cuales por supuesto, en su mayoría jamás pisaron la provincia de Tucumán. Reparar algún material ferroviario en esos talleres, asimismo, se hizo muy complicado (y por tanto, costoso y lento) porque la-emergencia-social-que-no-existe determinó que los asentamientos precarios cercanos depredaran rieles y durmientes para construcción de casillas en todas las inmediaciones de Tafí Viejo, lo que implicó su virtual aislamiento de la red férrea nacional.  
[3] Los sindicatos cooptados por los partidos marxistas terminaron aniquilados en los países en los que un régimen socialista terminó triunfando, y totalizándolo todo, dejando solamente espacio al Partido como gran y exclusivo actor político-social.
[4] Así lo expresa inmejorablemente Isidoro Gilbert en El oro de Moscú: Zbignev Ivanovsky, del Instituto de América Latina, en la recopilación América Latina en los años 80 (Moscú, Nº8, 1989) escribe sobre Montoneros: “(…) Los ultraizquierdistas se negaban a luchar por el mejoramiento de la situación de los trabajadores en las condiciones del régimen existente y estaban convencidos en que la revolución socialista podría inmediatamente resolver todos los problemas. Muchas de estas organizaciones tenían posiciones sectarias y antiunitarias, no han utilizado las contradicciones en el campo del enemigo para conquistar aliados temporales. Desde nuestro punto de vista, las organizaciones ultraizquierdistas, desde su nacimiento, fueron muy heterogéneas, debido a su composición preponderante pequeño burguesa y al eclecticismo de sus concepciones teóricas que trataba de unir el marxismo-leninismo, con elementos del cristianismo, nacionalismo, populismo”. Y cita a un “teórico” Montonero: “nosotros mismos no sabemos qué somos: nacionalistas, revolucionarios cristianos, socialistas, populistas o social-demócratas” (Documento Nº 1. Un análisis autocrítico para estudio y discusión, Buenos Aires, 1985, página 28).
[5] O sea, son citus, participio de movimiento, los que son movidos (por otro), segundo núcleo en la construcción etimológica de “solidaridad”.

domingo, 1 de abril de 2012

Exaltación de las miserias

A 30 años de la gesta de Malvinas, una nueva andanada colonialista y cipaya se prepara para tirarnos con todo, como lo hicieron en mayo y junio de 1982, pero esta vez no a los cuerpos sino a las almas, buscando provocar nuestra derrota total y definitiva, nuestro desfallecimiento moral, la claudicación total. Con extrañas y puntuales excepciones (increíble la entrevista mano a mano de Alejandro Fantino con Nicolás Kasanzew el pasado viernes, y la de mañana promete aun mucho más, con la presencia de muchos héroes de guerra en el estudio), todo indica que, para preservar al hígado y el equilibrio espiritual, habrá que alejarse de los medios de comunicación en estos días. De los programas especiales de TV, de las ediciones y suplementos agregados a los diarios...

Un cipayo no necesariamente juega para una potencia o una ideología extranjera por convencimiento o por conciencia deliberada. A veces es producto de la misma inercia colonial, es un colonizado mental que procura, en la íntima inquietud de su personalidad colonizada, purgar su culpa perpetuando el mensaje colonizador en otros espíritus.

El argentino medio o mayoritario piensa de forma borreguil, es gregario por naturaleza, le gusta amucharse. Cuando va a la playa, le gusta rodearse de otros como él, bien cerquita su sombrilla de las de sus congéneres, intentando simpatizar y congeniar con los demás. El mayor anhelo es el de pertenecer, el de ser parte, entrar en sintonía, escuchar las mismas canciones, ser parte del mismo fenómeno masivo de rating, opinar como los demás, usar las mismas palabras, aplicar los mismos calificativos, indignarse por las mismas cosas, visitar y habitar los mismos lugares comunes...

No es difícil en ese contexto que el mensaje colonial, propagado deliberadamente por las clases dirigentes y la intelectualidad monopólica, empleando la poderosa herramienta de los medios serviles, el sistema de premios y castigos, de reconocimiento y dinero o de mordaza y ostracismo, cale tan profundo en una sociedad tan pendular en sus humores y tan empática con el discurso dominante.

Leemos en la cuenta de twitter de Martín Sabbatella (@sabbatella) que "La guerra de Malvinas no puede disociarse de la dictadura militar". En las intervenciones anteriores propugna la dura investigación y condena de los abusos de disciplina internos cometidos en las tropas argentinas, caratulándolos de "crímenes de lesa humanidad", mientras olvida (y es sugestivo que todos olviden lo mismo, como para no pensar en sujetos coloniales) los atroces y aberrantes crímenes de guerra cometidos por los británicos, ejecutando prisioneros, rematando heridos, atacando un avión de carga abatido mientras caía, impidiéndole la posibilidad de un aterrizaje de emergencia, y hasta hacerlo estallar en el aire...

Y justamente, si algo puede y debe disociarse, es precisamente la guerra de Malvinas de la dictadura militar. Primeramente, porque la guerra de Malvinas fue una gesta del pueblo argentino. Sus héroes son los exponentes de las clases populares, de los rangos más bajos de la oficialidad, sumbos y soldados rasos. Mientras las cúpulas lábiles y politiconas del "Proceso" intentaban una mera acción simbólica y gestual, el pueblo los obligaba a poner las pelotas sobre la mesa, a jugarse a todo o nada, a quedarse y resistir. Fue el pueblo el que les impidió volverse corriendo rapidito al continente, ante la primera noticia de que zarpaba la Task Force.

Esa tirantez y esa diferencia de concepciones se vio claramente en las islas. Los 4 generales que había allí destinados defeccionaron miserablemente. Uno se dedicaba solamente a verduguear a sus soldados usando palabras procaces. Otro dirigía a sus subordinados por radio y a decenas de kilómetros del lugar de combate, impidiéndoles con sus órdenes acometer ninguna contraofensiva. Otro se volvió a Buenos Aires en avión días antes del combate final. Y el otro es Mario Menéndez, el infame traidor a la Patria que recibió al embarrado y exhausto Jeremy Moore, su par que sí iba al frente de su tropa, impecablemente afeitado, engominado, con los zapatitos bien lustrados porque jamás salió de Puerto Argentino. Lo que hizo Menéndez es totalmente inexplicable: Se negó a aprobar la contraofensiva que le propusieron los comandos de las compañías 601 y 602 sobre San Carlos, que hubiera demorado el avance inglés en semanas; prohibió cualquier contraofensiva, ordenando sistemáticamente el repliegue sobre su propia posición; desplegó sólo 2.000 hombres en el territorio, y se reservó 8.000 para que lo cuidaran a él, al punto que 5 regimientos no entraron jamás en combate; no diseñó un sistema de logística que permitiera un recambio periódico y sistemático de los soldados, ni para que a ellos les llegaran raciones de 4.000 a 5.000 calorías diarias (que es lo que se necesita en la acción y en ese frío); sólo se preocupó del bienestar de los kelpers, que se movían libremente por Malvinas, funcando de quintacolumna, dando información de objetivos y posiciones a los navíos británicos, e incluso disparando a los soldados argentinos por la espalda; prohibió que se carnearan ovejas, mientras los kelpers las hacían estallar por los aires despejando los campos minados por los argies, para permitir el avance inglés. Se quiso rendir el 10 de junio, antes de que la ofensiva inglesa llegara a Puerto Argentino (al que él en un fallido llamaba "Stanley"), y no lo permitieron los oficiales de bajo rango citando el Código de Justicia Militar, que prohíbe rendirse antes de haber agotado las municiones o verificarse la pérdida de 3/4 de las tropas. Incluso, cuando se rindió a las 9.30 de la mañana del 14 de junio y el BIM (Batallón de Infantería de Marina) 5 siguió combatiendo por 4 horas más, propuso se les hiciera consejo de guerra y se les aplicara las más duras sanciones...

Esos eran los generales con los que se contó en Malvinas. El impresentable de Menéndez que nunca se cansó de repetir que cuando a él lo designaron gobernador de las islas le aseguraron que nunca entraríamos en guerra, con un desparpajo insólito para un hombre de armas, y encima, general. Como si ello fuera una excusa para su cobardía, para su ajenidad absoluta de la tropa, para su falta de compromiso, para su claudicación permanente. Solamente una lacra así pudo salvar el pellejo en un país como éste, el mundo del revés, en el que se condena, margina, repudia a los héroes y se entroniza, canoniza y exalta a los traidores, los cobardes y los perversos.

Justamente la reciente entrevista a Kasanzew me hizo acordar de su imprescindible (porque además es un fantástico testimonio visual) La Pasión según Malvinas, editado por el autor, Buenos Aires, 2007. Allí ese valiente periodista y hombre cabal dice para comenzar: "Toda guerra desnuda miserias y grandezas. Bajo la presión de una situación tan límite, aflora lo más sublime y lo más abyecto del ser humano. Y la guerra de Malvinas no fue, lógicamente, una excepción. Sólo que el gobierno de los militares del 'Proceso' trató de tapar sus miserias, y el gobierno de Raúl Alfonsín, sus grandezas.

"Como resultado, debido a la perversa convergencia de ambas censuras, la sociedad argentina no tiene aún verdadera noción de lo sucedido en el ya lejano conflicto austral. Por ende, ni los héroes fueron glorificados, ni los cobardes estigmatizados".

No hay nada más peligroso y dañino que un cobarde. El soldado Edgardo Esteban escribió un libelo execrable en el que abona otra vez la idea de los desvalidos "chicos de la guerra", descalzos, cagándose y meándose del miedo, temblando y llorando escondidos en sus cuevas. Por supuesto que por eso mismo ese libelo animoso y mala leche mereció que fuera llevado al cine y con un presupuesto de más de un millón de dólares, y que ya en ese ambiente, recibiera todo tipo de premios, elogios y publicidad; mientras que el heroísmo, la eficacia, la capacidad de combate, el compañerismo, el sentido del deber, del honor y del sacrificio, el altruismo, la amistad, el patriotismo, el coraje, el temple, de tantos y tantos miles de soldados argentinos que demostraron una vez más la máxima sanmartiniana (que los argentinos no somos empanadas que se pueden comer de un solo bocado) y la máxima sarmientina (que los argentinos son de los mejores soldados del mundo, por su amor propio y su irresponsabilidad para con la autopreservación física), son eliminados de cualquier plano, para quitarle a todo un pueblo sus buenos ejemplos, para convencernos de que somos un hato de cobardes, advenedizos, oportunistas, cómodos llorones que transamos hasta la dignidad con tal de que no nos peguen un cachetazo.

Acá publicamos a continuación un video en el que se aprecian los conceptos de los "compañeros" de Esteban en Malvinas, que sugiero sea visto íntegramente, para juzgar adecuadamente al "hombre" que hay detrás del panfleto propagandista. Sobre todo, porque es seguro que Iluminados por el Fuego ocupará una buena porción de la grilla televisiva en los próximos tiempos. Lógicamente su director es ahora el mandamás de toda la radio y la televisión oficiales, gana muchas decenas de miles de pesos, y se sigue dedicando a esa labor tan lucrativa de "contar versiones" como si se trataran de la propia verdad.




Contrariando a Sabbatella, entonces nosotros decimos que no puede disociarse la causa de Malvinas de la guerra de Malvinas. Porque, como dijo el as de la aviación francesa en la Segunda Guerra Mundial Pierre Closterman, en la carta que envía a los pilotos argentinos elogiándolos y agradeciéndoles que prestigien con su valor y su capacidad a la selecta hermandad de los ases de la aviación:

¡Ay! La verdad vale únicamente por la sangre derramada y el mundo cree solamente en las causas cuyos testigos se hacen matar por ellas.

(En Kasanzew, Ibídem, p. 111).

miércoles, 28 de marzo de 2012

Camino de Hierro



Los franceses le dicen al ferrocarril (propiamente, "carril o sendero de hierro") chemin de fer, y los portugueses caminho de ferro. Acá al hierro, o fierro, le damos el carácter inquebrantable de la personalidad de nuestro gran héroe literario, de nombre Martín, y que se parece en algo al gran héroe gaucho, del mismo nombre y presuntos remotos ancestros highlanders, Don Martín Miguel de Güemes.

Un camino de hierro, a más de expresar la vía de un tren, señala entonces un rumbo recto, firme, inmodificable.

En las fotos que obran a continuación (gentileza de "La zona de despliegue continental en blanco y negro - 1982", V. Facebook) se aprecia un convoy repleto de soldados partiendo hacia la zona de probable conflicto bélico en abril de 1982.


La recuperación de nuestras islas australes fue absolutamente incruenta, en el marco de un operativo técnicamente perfecto, y donde la única baja (artera, cuando ya la guarnición militar inglesa estaba rodeada y sin posibilidades) fue argentina: la del Capitán Giachino, y no fue vengada, haciendo gala los compañeros y amigos presentes, en condiciones de hacer un desastre, de un enorme sentido de la disciplina. Pese a ello, a que la ocupación había sido aséptica y se habían respetado los derechos e intereses de los civiles, tal cual lo oportunamente decidido por la ONU, había motivos más que fundados para esperar que los ingleses entraran en guerra, y pretendieran volver a usurpar las islas como lo hicieron en 1833 y en 1834.

Porque hay que decirlo una vez más, contra toda la inmensa parafernalia colonial que se expresa en nuestro país desde los mayores medios de opinión y desde las más altas esferas de gobierno: pese a que Malvinas fue una guerra jamás declarada (y jamás rendida), es bien claro que esa guerra la decidió y comenzó el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte el 1 de mayo de 1982, y especialmente, a partir del hundimiento del Crucero General Belgrano, el 2 de mayo. Una acción bélica que, crimen de guerra o no, lo cierto es que constituye el más claro ejemplo de "un hecho que no se puede deshacer", es decir, de un punto de inflexión, con 323 muertos, a partir del cual no hay ya vuelta atrás.

Todo el resto, no habiendo peligro ni para la vida ni para los bienes de la población civil colonial británica en las Malvinas, y no habiendo víctimas británicas que vengar, ni que merecieran por tanto la presión de familiares y comedidos, era cuestión de diplomacia. Se enmarcaba claramente en la resolución de la ONU 2.065/66: negociar la descolonización salvaguardando los intereses de la población "plantada" por los ingleses a través de la Falkland Islands Company.

Quienes volvieron a invadir, y lo hicieron a sangre y fuego, con inusitada violencia y saña, es decir, con la intención de ocasionar el mayor número posible de bajas, fueron nuevamente los implacables piratas.


En fin, esa guerra, y el compromiso que desde entonces, más allá de nuestra particular voluntad, contrajimos como nación y como pueblo para con nuestros muertos y para con la historia, es una estación ineludible en el camino de hierro que signa nuestro derrotero colectivo. Podemos refaccionarla, pintarla, asearla y enorgullecernos de ella; o bien podemos (como hacemos) depredarla, apedrearla, orinarla, rapiñarla y destruirla hasta su condición de tapera. Pero siempre, siempre, el tren habrá de parar en ella. Y siempre, siempre, nos bajaremos y usaremos sus lamentables instalaciones.

Las fotos en cuestión, me han evocado algunos sentimientos a flor de piel. He pensado, aunque parezca mentira, y los argentinos enfrentemos ahora los peligros más triviales de la muerte callejera por la delincuencia y por la negligencia, que en ese tren de las fotos viajaban menos personas que iban a morir y resultar heridas que en una formación del Sarmiento que colisionó a 20 km/h contra el final de vía de la estación de Once un mes y pico atrás.

Después de todo, al Teatro de Operaciones Sur (TOS) fueron movilizadas 23.081 personas (fuente: Comisión Nacional de Ex Combatientes de Malvinas, 1997), de las que murieron al final del conflicto bélico 649, mientras que 1.082 resultaron heridas, totalizando 1.703 bajas. O sea, el 2,8%, el 4,7% y el 7,4% respectivamente.

En tanto, en el tren 3.772, chapa 16 de TBA-Sarmiento viajaban unas 1.500 personas (según estimaciones oficiales de la Secretaría de Transporte) de las cuales 51 resultaron muertas y 706 heridas, lo que hace un total de 757 bajas. O sea, el 3,4%, el 47,1% y el 50,5% respectivamente.


No hay nada que hacerle, vivir, estudiar y trabajar en la Argentina, es una lucha cotidiana... con más probabilidades de fallecer que en el frío sur, contra la tercera potencia militar mundial.


Yapa 1:

Tren 3.772 / 4 = 943 → 9 + 4 + 3 = 16
Formación Chapa: 16 = 4 x 4
Hora 8.32 → 8 múltiplo de 4; 32 también múltiplo de 4
Cantidad de coches: 8
Coche en donde apareció el último muerto: Nº 4
Año 2012: Bisiesto, múltiplo de 4.
Mes en que se agrega un día en los bisiestos: Febrero

Yapa 2:

Aparentemente, según una importante hipótesis historiográfica, la familia Güemes provendría del Clan Wymess/MacDuff, de la zona de Dundee o Dùn Dèagh, en las Highlands del Sur de Escocia. Del tartán de ese clan derivarían los colores del poncho salteño, y por nueva derivación, de la bandera provincial.



Dundee es conocida como la "Ciudad del Discovery", en honor al RRS Discovery, la famosa nave de exploración antártica de Robert Falcon Scott (quien falleció tratando de alcanzar el polo Norte en 1904), que fuera construida precisamente en esa ciudad.

En 1904 el explorador escocés de noble abolengo (recordar a Robert the Bruce, inmortalizado en la película "Braveheart") William Speirs Bruce, donó a la República Argentina las islas Órcadas del Sur, por él ocupadas, con la base allí por su expedición construida (estación meteorológica Omond House, luego Órcadas), donación que fue aceptada por decreto del presidente Julio A. Roca del 2 de enero de ese año.

Robert the Bruce, rey y héroe nacional de Escocia, en atuendo de guerra.

Bruce había hecho su bautismo naval en aguas australes con la expedición ballenera Dundee, en 1892-93.

La expedición en la cual ocupó las Órcadas para la República Argentina, fue realizada a bordo del buque Scotia, que le da nombre al mar comprendido por las Antillas Australes (banco Namuncurá, islas Aurora, Sándwich del Sur -aunque las del Norte ya no existen más, porque se llaman Hawaii-, Órcadas del Sur y Shetland del Sur); en el marco de la Expedición Nacional Escocesa, realizada en contraposición a la Expedición Antártica Británica del Discovery comandada por Scott.

Lógicamente, aunque calurosamente recibidos sus hallazgos y avances por la comunidad científica, infinitamente más valiosos que los obtenidos por su expedición rival, la expedición del Scotia fue silenciada por los medios y las autoridades inglesas, y por supuesto, le valió la denegación de la Medalla Polar, que concede el soberano británico a instancias de la Royal Geographical Society. Aunque se otorgó esa medalla a los miembros de todas las demás expediciones antárticas de la Commonwealth británica de principios del siglo XX, no se concedió a ningún miembro de la Expedición Antártica Nacional Escocesa (SNAE).


El Scotia en la isla Lauría, donde ininterrumpidamente opera, desde 1904, la base meteorológica argentina Órcadas, fundada por William Speirs Bruce.


La Expedición Nacional Escocesa del Scotia partió hacia tierras australes argentinas el 2 de noviembre de 1902. El 2 de noviembre es el día de los muertos. De nuestros muertos.



miércoles, 29 de febrero de 2012

La brecha

1) MANTENIMIENTO.

Pliego de Condiciones Particulares

1.11. Mantenimiento de los Bienes Recibidos en Concesión

El Concesionario se obliga al mantenimiento de los bienes transferidos con la Concesión, o incorporados a ella posteriormente, de modo de conservarlos en aptitud para el servicio a prestar, de modo que éste se cumpla siempre en condiciones de seguridad.

(…)

Si el Concesionario entendiera que las normas vigentes resultan inapropiadas, por exceso o por defecto, para mantener el buen estado de los bienes, podrá proponer a la Autoridad de Aplicación otras que las sustituyan. En cualquier caso, el estado de dichos bienes será responsabilidad del Concesionario, quien no podrá alegar las normas vigentes ni las modificaciones aprobadas por la Autoridad de Aplicación, como causa de deficiencias, desperfectos o accidentes.

1.16. Devolución de los bienes

(…)

El Concesionario deberá mantener el buen estado de los bienes de la Concesión hasta el mismo momento de la devolución de los mismos al término de aquella, sin diferir las tareas e intervenciones de los ciclos programados de mantenimiento.

Ayer escuchábamos en un discurso dedicado al Bicentenario de la Creación de la Bandera que la gente empezó a saturar los trenes porque con el crecimiento económico experimentado gracias al “modelo”, la gente viajaba más, tenía un destino al que dirigirse, tenía trabajo, tenía esperanza. Que antes –ese genérico e impreciso infierno temporal de estancamiento, desidia, inseguridad, ineficiencia, neoliberalismo, corrupción, maldad, etc. llamado antes- de la irrupción del “modelo”, “Antes no se viajaba porque ni siquiera tenían adónde ir”.

La Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), que es el ente de control de las Concesiones Ferroviarias, publica en su página web las estadísticas oficiales respecto de los servicios bajo su órbita. Así podemos leer, en la planilla Excel correspondiente, la siguiente evolución en cuanto a pasajeros transportados por los trenes que explota la empresa TBA:


Pasajeros Transportados Anualmente (millones)

Año

Mitre

Sarmiento

Total

1998

84,1

113,2

197,3

1999

83,5

111,7

195,2

2000

81,7

111,5

193,2

2001

74,5

100,3

174,8

2002

65,1

88,2

153,3

2003

68,7

98,0

166,7

2004

69,7

105,3

175,0

2005

71,4

109,3

180,7

2006

75,5

114,6

190,1

2007

75,8

115,9

191,7

2008

73,2

118,2

191,4

2009

64,4

108,2

172,6

2010

60,7

100,0

160,7

2011

51,4

88,6

140,0


Como puede apreciarse, en ningún momento del reinado del “modelo” se alcanzó el nivel de pasajeros transportados en los años 1998, 1999 y 2000.

La crisis socioeconómica general que tanto impactó en la población argentina, y que constituye el punto de partida de todos los eufóricos análisis oficiales, impactó en el transporte sobre todo en la segunda mitad de 2001, todo el 2002 y la primera mitad de 2003. Eso se refleja en los volúmenes de demanda registrados en esa época. Luego el sistema comenzó a recuperarse en punto a los ingresos de la Concesión (no así respecto de las obligaciones de mantenimiento, que cada vez fueron difiriéndose más, de la mano de los desincentivos hacia la captación de demanda que genera el régimen de subsidios y de una emergencia que, sancionada hasta el 10 de diciembre de 2003, luego fue prorrogada tan inexplicable como indefinidamente, hasta superar con holgura el límite del absurdo). Lo cierto es que, durante el trienio 2006-2008 las Concesiones de TBA superaron los 190 millones de pasajeros, y se acercaron entonces a los niveles previos a la crisis.

Ahora bien, a partir de 2009, los indicadores comienzan a desplomarse. En el mismo 2009, se transportaron menos pasajeros incluso que en el crítico 2001; y en el 2011 que acaba de terminar la demanda transportada estaba casi en su piso histórico: 140 millones de pasajeros frente a los 135,4 millones que se transportaron en 1995, cuando en junio de ese año TBA se hizo cargo del servicio… Y todos sabemos en qué condiciones lamentables había caído la gestión estatal previa a la privatización.

En términos comunicacionales, hubiera sido aconsejable cambiar el eje de la cuestión, y plantear en tan emotivo discurso que, desde 2009, la gente viaja cada vez menos en esos trenes porque todo el mundo se compró un auto o una moto. Pero claro, dar esa buena noticia tan imbricada con el crecimiento de la industria automotriz y del consumo, hubiera implicado, por otro lado, que se explicase por qué la gente viaja tan hacinada en las mismas formaciones que 3 años antes llevaban un 33% más de pasajeros. Porque el hacinamiento, además de ser injusto y vejatorio para el pasajero, está directamente vinculado con la tragedia, con el volumen de la tragedia, con la cantidad de muertos y heridos (similar a la de muertos en la guerra de Malvinas).

Si el tren llevaba 1.500 pasajeros en 8 vagones, llevaba 200 por vagón. Más en los dos primeros, porque la gente se agolpa en éstos para abandonar más rápido la estación. Ahora bien, en las primeras declaraciones a la prensa de las autoridades nacionales se decía que, de ordinario, cada formación transporta unos 2.000 pasajeros, y que la merma en este caso obedece a la época del año. Ello indica que la capacidad de un vagón ferroviario está en el orden de los 250 pasajeros.

La misma empresa TBA informa en su página institucional que: Los coches Doble Piso tienen una capacidad total de 320 pasajeros (102 sentados), mientras que los coches simples transportan un total de 220 pasajeros (66 sentados)”.

Quedémonos entonces con ese número: 220. Lo que implica una capacidad total de 1.760 pasajeros por formación.

En 2008 la cantidad total de pasajeros transportados ascendió a 118,2 millones, lo que significa, considerando en menos los días feriados, unos 180 mil pasajeros diarios que van y que vuelven. En 2011 los pasajeros transportados fueron 88,6 millones; casi 20 millones menos que en 2008. Es decir, unas 135 mil personas diarias que van y vuelven. Si en 2008, suponemos, los trenes iban completos, en la actualidad esos mismos trenes estarían transportando 165 pasajeros en cada coche con capacidad para 220.

Todo esto conduce a establecer que la gente sigue viajando hacinada hasta la exasperación solamente porque se sacan servicios para ahorrar costos. No porque se viaja más. Las estadísticas oficiales de la propia CNRT, el órgano de control específico, así lo informan.

Y si se sacan servicios, debería suponerse que los que se conservan son los correspondientes a lo mejorcito de la flota, mientras que los que están más cachuzos se reservan y se arreglan con tiempo y sin apuro.

2. SUBSIDIOS.

Resolución Conjunta Nº 61/2002 del Ministerio de Economía y Nº 11/2002 del ex Ministerio de la Producción.

Artículo 8º: Para acceder y mantener el derecho a la percepción de los bienes fideicomitidos [los subsidios] del modo y por el plazo normado en la presente resolución, los concesionarios deberán observar las siguientes condiciones:

b) Mantener o mejorar los programas de seguridad operativa y mantenimiento de los servicios ferroviarios, de superficie y subterráneos (…)

c) Realizar el mantenimiento inherente al efectivo mejoramiento de las condiciones de confort para el usuario, en particular, en lo relativo al interior de coches y estaciones.

Anexo III

Artículo 3º: En caso de que se verificare el incumplimiento de alguna de las condiciones establecidas en el Artículo 8º de la presente resolución, la SECRETARÍA DE TRANSPORTE podrá suspender la efectivización de los depósitos en la Cuenta de aquel Beneficiario que hubiere incumplido, hasta tanto se verificare su subsanación, y por un plazo no mayor de VEINTE (20) días. Si transcurrido ese plazo el incumplimiento persistiere, la SECRETARÍA DE TRANSPORTE instruirá al Fiduciario para que reserve los fondos en cuestión.

La tarifa promedio para servicios ferroviarios eléctricos durante la Convertibilidad y a partir del último aumento (diciembre de 2000) fue de alrededor de 0,55 pesos/dólares. Con el aumento dispuesto por el entonces Ministro José Luis Machinea de $ 0,10 para todas las secciones no se perseguía recomponer la ecuación económico financiera, sino generar un fondo para nuevas obras. De modo tal, que tomar ese parámetro como medida de una concesión económicamente sana no sólo es justo, sino incluso beneficioso para el concesionario.

Así entonces, los ingresos de esta Concesión, no sólo para tener una ecuación económico financiera equilibrada, sino para realizar mayores inversiones a las contractualmente previstas, pueden calcularse con la fórmula: Pasajeros transportados año 2000 x Tarifa en dólares de diciembre de 2000, lo que arroja como resultado 106 millones de pesos/ dólares.

Considerando la existencia de un dólar paralelo solapada por los controles de cambio, supongamos que para restituir ese valor teórico de 2000 necesitáramos multiplicarlo por $ 5; es decir, a 530 millones de pesos anuales. Pero aun más, podemos contemplar la depreciación del dólar por efecto de la llamada “inflación en dólares”, aquella que se transparenta al cotejar el valor relativo de ciertos bienes universalmente estables, como ocurre por ejemplo con el índice Big Mac. Multipliquemos entonces cada dólar por $ 6 para obtener el valor de un dólar del año 2000 en el presente. Para este caso, arrojaría $ 636 millones en 2011. Eso es lo que, como máximo, le debería haber ingresado a la empresa TBA para mantener la ecuación económico financiera de 2000, cuando estaba la Alianza, continuidad del neoliberalismo y la corrupción del “menemato”, etc., etc. Sin embargo, para agosto de 2011, ya solamente en subsidios se había alcanzado esa cifra, que nosotros presupuestamos para todo el año.

En definitiva, en 2011 TBA se embolsó más $ 800 millones en subsidios y unos $ 170 millones por tarifa, lo que acerca sus ingresos a los $ 1.000 millones, e implica que, de 2000 a 2011, el aumento bruto fue de aproximadamente diez (10) veces.

Como puede apreciarse, las cuentas las paga el Estado. Mientras que el usuario, en la medida en que pudo, se fue retirando paulatinamente del servicio, acudiendo a la movilidad particular, o a combis, lentos colectivos, etc., el Estado se abocó con entusiasmo a cubrir con su ilimitada generosidad una brecha cada vez más amplia. Entre costo y servicio. Entre realidad y legalidad. Entre control y orfandad.